
Frederick es uno de los libros de Leo Leonni que con mucha sencillez nos habla simbólicamente de temas humanos profundos vinculados con hacer lo que nos dicta el corazón y la intuición, seguir nuestra pasión para sentirnos plenos, la importancia de nutrir el espíritu, y lo bien que se siente servir a otros.
El protagonista de esta historia es un ratón de campo. Él es un artista, poeta y soñador que se dedica a recoger provisiones inmateriales para calentar, animar y colorear los fríos, apagados y grises días de invierno. Entretanto, su familia recolecta maíz, nueces y paja, y le reclaman a Frederick que no esté trabajando como ellos. No lo entienden, y desde sus puntos de vista creen que él es un vago.
Más tarde, avanzada la época invernal, se agotan los alimentos y el buen ánimo de la familia. En ese momento, los ratones se acuerdan de lo que Frederick recogió y le preguntan por sus provisiones. Entonces, él procede a compartírselas.
Con palabras poéticas, imágenes fantásticas y metáforas coloridas, Frederick alimenta el espíritu de los otros ratones. Todos ellos sienten la magia de esas provisiones inmateriales.
Esa es la hermosa labor que, al igual que Frederick, desarrollan los mediadores y promotores de lectura. Esos padres, familiares, maestros, bibliotecarios, entre otros. Ellos nutren el mundo interior de las niñas y niños brindándoles buena literatura. Ellos construyen puentes invisibles entre el alma de los libros y de los lectores, ya sea través del acto de amor de la lectura en voz alta, o acercándolos a obras con historias significativas con los que, en silencio, los jóvenes puedan tener conversaciones de vida.
Es curioso ver que cuando un niño tiene talentos artísticos, o un joven quiere ser artista y aun más, decide estudiar una carrera universitaria en el campo del arte, encuentre voces que le auguren: “te vas a morir de hambre” si te dedicas a eso. Cuántas personas en nuestro entorno se sienten vacías, frustradas e insatisfechas porque eligieron una carrera por prestigio social, por las posibles oportunidades de éxito en el campo laboral, o por la presión familiar. Seguro conoces alguna.
Según Erich Fromm, la necesidad espiritual se encuentra en la raíz misma de la existencia humana y no es un simple lujo a permitirse después de cubrir las necesidades vitales. El psicoanalista, sicólogo social, librepensador, crítico de ideologías políticas, religiosas y terapéuticas, y notable investigador e innovador de origen alemán judío, advirtió que cuando el hombre vive como un mero objeto, cuando se ve reducido al nivel de una máquina de alimentar, procurando satisfacer solo sus necesidades y seguridades materiales, crea para sí el drama de la destrucción.
“El hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo, y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente (…) Su valor reside en el precio que puede obtener por sus servicios, no en sus cualidades de amor y razón ni en su capacidad artística. De allí que el sentido que tiene de su propio valor dependa de factores externos y que sentirse un triunfador esté sujeto al juicio de otros. De allí que viva pendiente de estos otros, y que su seguridad resida en la conformidad, en no apartarse nunca más de dos pasos del rebaño”. Todo lo contrario a lo que Frederick hizo.
Para vivir la vida a plenitud y en expansión espontánea es fundamental poder expresar nuestras potencialidades sensoriales, emocionales e intelectuales, en la profesión u oficio que elijamos.
Referencias:
Fromm, Erich (1964). La condición humana. En: file:///Users/admin/Downloads/la-condicion-humana-actual%20(1).pdf
Fromm, Erich. El miedo a la libertad. En: https://ciudadanoaustral.org/biblioteca/04.-Erich-Fromm-El-miedo-a-la-libertad.pdf